VIII. BOSQUES Y CAZA
El Bosque del Escorial, desde tiempos de la construcción del Monasterio, con sus cuidadas zonas húmedas y praderas, tenía una flora y fauna privilegiada que fueron ampliadas y repobladas de especies arbóreas y animales, y adaptadas al uso recreativo, ya que posteriormente, los terrenos circundantes al Monasterio fueron declarados Coto Real de caza, rodeándoseles de una cerca con diez puertas de acceso, siendo la principal o de entrada, la del Tercio, que se encontraba a continuación del puente del mismo nombre en el camino a Galapagar. El Bosque Real o Real Cazadero lo formarán las dehesas del Campillo y Monasterio, el Castañar, la Herrería, la Fresneda o la Granjilla, las Radas, los Ermitaños, Cuelgamuros, Cuarto Carretero, las Zorreras y el Milanillo.
Carlos III era un adicto a la caza y la practicaba a diario indiferente al clima que hiciese como remedio a la neurastenia y olvido de problemas. Iba en caravana de coches tirados por seis mulas que había que ir renovando, hasta doscientas mulas se necesitaban a diario para que el Rey pudiese cazar. La caza en El Escorial estaba constituida principalmente por venados, jabalíes, puercos, conejos, liebres y zorros, llegándose a censar en tiempos de Carlos III en unos 16.000 animales. La exposición cuenta con una variada muestra de utensilios relativos al arte cinegético entre los que destacan, collares para perros de caza, trampas, trompas, cornamusas de montero así como una colección de pistolas y escopetas, que se guardaban en el edificio de la Ballestería.